Es una escena cada vez más habitual en reuniones familiares e impensable hace apenas unos años: ver a abuelos y nietos jugando juntos, en una Tablet o en un smartphone, a cualquier app o juego descargable. Este tipo de interacción es muy distinta a las visitas ‘’por compromiso’’ que solían darse entre familiares y personas mayores en sus casas o residencia. Donde antes la visita era poco menos que una obligación para los más jóvenes de la familia, se convierte en un momento divertido para todos y en un recuerdo agradable para los dos en un futuro.

Es difícil mantener conversaciones y actividades que unan a generaciones tan sumamente distintas y con formas tan diferentes de ver el mundo. La generación silenciosa, los baby boomer, los millennials, los centennial…tienen pocos puntos de experiencia en común. Y a pesar de esas dificultades, un sencillo juego en una Tablet o una videollamada a través de Whatsapp, puede ser el punto que mantiene unidas a la niñez, la adultez y la vejez.

La conclusión es clara: las tecnologías digitales son ese algo en común que tienen esas 3 generaciones tan variadas y que puede conectarlas en el sentido más literal de la palabra. Y es algo que hay que aprovechar especialmente para la tercera edad, sobre todo por los cambios que están por llegar.

Por qué enseñar cultura digital a nuestros mayores es ya una obligación


El horizonte futuro que señalan varios organismos internacionales, desde la ONU, la Unión Europea hasta la Fundación General CSIC, coinciden: nos encaminamos a partir de 2050 a países con más de un 25% de la población por encima de los 65 años de edad. En el caso de España, este porcentaje será incluso más alto, llegando a superar el 30%, según la mayoría de las previsiones.

Es una situación a la que no hay que darle la espalda por mucho vértigo que provoque, y no es de hecho algo necesariamente preocupante. Hay que tener en cuenta a ese alto porcentaje de población y darles un papel más activo en esa sociedad futura más digital y más envejecida. Sencillamente, porque no se puede, ni se debe, ni resulta lógico prescindir de un capital humano tan grande.

Ya no sólo por el aumento de esperanza de vida global que lleva a este envejecimiento generalizado. Hay otros factores que nos empujan hacia esa necesidad de compartir la cultura digital con las generaciones más longevas, como pueden ser:

  • Cada vez más servicios y empresas ‘’empujan’’ a sus clientes hacia procesos digitales: banca, compra online, telefonía, gestiones administrativas…todas tienen cada vez más trámites disponibles en su área digital que en la presencial, algo que perjudica a los menos formados en habilidades digitales.
  • Riesgo de exclusión social: relacionado con el punto anterior, la brecha digital (la falta de acceso a tecnologías digitales, ya sea por situación económica, de competencias básicas u otros motivos) afecta en gran medida a los mayores, menos capacitados para las tecnologías digitales y además algunos de ellos en zonas rurales donde es más difícil el acceso a tecnologías.
  • Envejecimiento activo: un concepto desarrollado en monográficos anteriores y que se resume en cuidar de la salud física, mental y social de las personas mayores para reducir al máximo la fase de dependencia y aumentar la calidad de vida en la vejez. La autonomía, capacidad de ocio, aprendizaje y comunicación que proporcionan las nuevas tecnologías, lo convierte en una herramienta imprescindible y que puede ayudar a cuidar las 3 facetas de la salud (física, mental, social)
  • Los adultos de hoy serán los ancianos del mañana: las generaciones posteriores a las personas mayores actuales (la generación silenciosa, nacida entre 1928 y 1945 aproximadamente) han integrado mucho más fácilmente la cultura digital a su día a día, como era de esperar. Esto quiere decir que las generaciones de jubilados futuras será una generación mucho más acostumbrada al uso de herramientas digitales y una cultura mucho más adaptada a ese escenario.

¿Son capaces de digitalizarse?

A pesar del estereotipo y los prejuicios generalizados, las personas mayores han demostrado que son perfectamente capaces de desenvolverse con herramientas digitales básicas como Whatsapp o hacer ciertas consultas con Google. En algunos casos forzados por la necesidad provocada por el confinamiento causado por la Covid-19, han acogido con entusiasmo y habilidad el uso de apps que parecía que no iban a poder utilizar

Aunque la conocida como «brecha digital» es una realidad, hay muchos ejemplos de que, si se les da la oportunidad, la formación y con una buena actitud por su parte, pueden adquirir las competencias digitales básicas. Según datos del INE, en el grupo de edad de 65 a 74 años un 64% de los hombres y un 64,4% de las mujeres de 65 a 74 años utilizan Internet de manera frecuente.

A la dificultad de la edad hay que añadirle el nivel de estudios, ya que este mismo estudio señala que a medida que se eleva el nivel de estudios aumenta el porcentaje de usuarios frecuentes de Internet tanto en hombres como en mujeres.

Claves para desarrollar las competencias digitales de las personas mayores

Viendo que las personas mayores son perfectamente capaces de aprender la cultura digital en la mayoría de los casos y que va a ser una necesidad creciente.

  • Combatir el edadismo
    Como señala la experta en formación en TICs a personas mayores Estefanía de Régil, existe une estigma negativo hacia el enevejecimiento, asociándolo con conceptos negativos. En esto consiste el edadismo, el conjunto de prejuicios asociados a la edad.
  • Recursos para aprender
  • Facilitar el uso y acercamiento
    Adaptar las interfaces de las apps y webs a las personas mayores puede ser y en algunos casos es totalmente deseable para evitar su rechazo y frustración hacia unas tecnologías digitales para las que no han sido educados ni han tenido tantas facilidades como otras generaciones.
  • Fomentar su interés
    Mantener una actitud pedagógica y mostrarles las utilidades y potenciales beneficios que esta tecnología presenta. no saturar a estas personas de información. También es importante considerar el grado de apertura al cambio y las tecnologías de las personas mayores.
    Según un estudio titulado Los Mayores ante las TIC: Accesibilidad y Asequibilidad (Fundación Vodafone, 2011), existen distintos tipos de personalidades entre las personas mayores más o menos dispuestas a integrar nuevas tecnologías en su día a día, por lo que se hace neseario conocer esto antes de abordar cualquier intento de enseñarles. Según cada perfil, la forma de acercarse a estas personas debe ser diferente y adaptada a cada caso.
  • Proteger a los mayores de los ciberataques
    En este contexto de rápida adaptación y mayor uso, las personas mayores se convierten en objetivo de los ‘hackers’ y sus ciberataques, aumentando los riesgos para este colectivo más vulnerable con la tecnología. Según datos del INE, sólo aproximadamente la mitad de las personas entre 65 y 74 años que usaron internet en el último año, cuentan algún tipo de ‘software’ o herramienta de seguridad informática en sus dispositivos mientras que el 13% no las conoce. Para los más jóvenes el 75% cuenta con algún tipo de ciberseguridad y menos de un 5% expresa su falta de conocimiento.

La parte más humana de la digitalización

Este último año ha puesto de manifiesto la importancia de mantener activos los vínculos sociales, además de descubrir que estos no solo se alimentan de los encuentros presenciales. Las videollamadas, mensajes, videos y audios son formatos digitales perfectamente válidos para mantener esas relaciones, además de ser un formato que conecta a las generaciones más jóvenes con sus familiares más mayores, con los que a veces pueden sentirse muy distantes. Pocas cosas tienen en común, y una de ellas es lo digital.

No olvidemos que las próximas generaciones de pensionistas serán mucho más digitales que las anteriores. Seguirá siendo una ventana al mundo y a sus comunidades. Cualquier iniciativa creada por empresas privadas, públicas o asiciones, ya sea de software, de formación o asociación, que apunte en esa dirección, va a tener éxito si o si.

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