El colesterol es uno de los principales factores de riesgo para el desarrollo de enfermedades y patologías relacionadas con el corazón, y el 60% de las enfermedades cardiovasculares están asociadas a niveles altos en sangre.

En nuestro país se calcula que hay más de 10 millones de personas con enfermedades cardiovasculares, en cuya evolución juega un papel clave el colesterol, una sustancia natural presente en todas las células del cuerpo, y que resulta necesaria en la realización y regulación de funciones biológicas básicas como la producción de hormonas, vitamina D o ácidos que intervienen en la digestión de los alimentos.

Sin embargo, la hipercolesterolemia o el exceso de colesterol en la sangre puede provocar una acumulación de esta sustancia que, al adherirse a las paredes de los vasos sanguíneos, puede propiciar enfermedades cardiovasculares como el infarto de miocardio, el ictus o la falta de irrigación a las extremidades. De hecho, está demostrado que las personas con niveles en sangre superiores a 240 mg/dl tienen el doble de riesgo de sufrir un infarto de miocardio que aquellas con cifras sobre los 200 mg/dl o inferiores.

Existen dos tipos distintos de colesterol que se diferencian por su origen: el exógeno, que se obtiene a través de los alimentos que consumimos, y el endógeno, que sintetiza el organismo, compuesto por esteroles vegetales que contribuyen al mantenimiento de los niveles de colesterol sanguíneo normales gracias a la absorción del colesterol exógeno.

Según un estudio de la Universidad CEU-Cardenal Herrera de Castellón, un consumo de 2 gramos diarios de esteroles vegetales dificultaría la absorción de colesterol en nuestro intestino, reduciendo la concentración en sangre en alrededor de un 10%. Los esteroles vegetales, también conocidos como fitoesteroles o fitoestanoles, son extractos naturales que se encuentran de forma natural en pequeñas cantidades en muchos alimentos naturales de nuestro día a día como las frutas, las verduras y las hortalizas, los aceites vegetales, las nueces y los cereales.

Otra forma de reducir el colesterol es mantener una alimentación equilibrada y sin grasas saturadas, basada en la dieta mediterránea, que está demostrado contribuye a la salud cardiovascular, así como practicar ejercicio aeróbico como caminar, hacer una carrera suave, o practicar deportes como el ciclismo o la natación, de manera regular y a una intensidad moderada.  

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